Logramos una convivencia más armónica, sentimos que los problemas se pueden resolver de una mejor manera y que trabajamos en un ambiente más agradable para todo el mundo, apuntó Norma Castagno, una de las impulsoras de la iniciativa y actual directora de la escuela. La base del sistema es la credibilidad del alumno, que se corresponde con la confianza que la institución deposita en él. Cada chico comienza su año lectivo con un 100 por ciento de credibilidad, traducida en créditos, que se van perdiendo con acciones negativas, pero que a su vez se pueden recuperar con buenas actitudes. Perder créditos significa que la escuela perdió la confianza en ese chico, pero que podrá recuperarla, explicó la directora.
El sistema se fue perfeccionando y sumó la figura de los consejos de aulas, integrados por delegados de alumnos, el preceptor del curso y dos consejeros profesores. Esa primera instancia se reúne cada 15 días para analizar distintas situaciones. Los casos que no pueden ser resueltos en ese nivel, pasan a consideración del consejo general, ya con representantes de todos los cursos, preceptores y profesores. Este órgano es el encargado de quitar y restituir los créditos. Los alumnos delegados son elegidos por sus compañeros y deben conservar el 100 por ciento de credibilidad para el cargo.
Fuente: La Voz del Interior
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